
"la ciudad está rodeada de un todo especial, aunque abrumada por la presencia de turistas, no se vuelve difícil pasear por sus calles.
Rodeada de monumentos, de historia, a cualquier lugar al que miro veo la huella del tiempo, la huella de una tierra que de algún modo no ha sabido adaptarse al momento; llama la atención el contraste entre generaciones, aquella anclada en la nostalgia, la melancolía, esos sentimientos tan bien reflejados en el fado, y los más jóvenes, de espíritu inconformista y metropolitano"
Praza da Figueira, Lisboa, 2008.
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